El lenguaje claro se basa en ponerse en el lugar de quien nos lee: descubrir qué quiere saber, qué información necesita y ayudar a que alcance sus objetivos. La meta es que cualquiera pueda entender un documento escrito en lenguaje claro la primera vez que lo lea.
Aplicado a la Administración, el lenguaje claro es la expresión simple, clara y directa de la información que tanto el personal empleado público como la ciudadanía deben conocer.
El objetivo es comunicar a la ciudadanía lo que necesita saber de forma sencilla, con una estructura gramatical correcta y con las palabras apropiadas a su nivel.